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viernes, 7 de diciembre de 2012

HARAGEI 1

Este es la primera de una serie de apuntes y textos sobre el Haragei, tema que, además de interesarme muchísimo, supone un acercamiento práctico y activo a la compresión y asimilación de la práctica budista en occidente.

Esto es sólo una introducción. Ni siquiera eso. Espero se me disculpe el tono de humor, pero en esto, como en todo, las experiencias que nos tomamos con humor se viven mejor.



Hara quiere decir en japonés vientre, pero incluye muchos más significados.
Haragei es el arte de la centralización abdominal, fruto de diversos ejercicios de respiración presentes en todos los métodos de meditación, además de en el kyudo, el sumo y el Nihon Taijutsu o Ninjutsu.
El Hara es el centro del cuerpo, es el centro de gravedad, el punto desde el que se genera el calor del cuerpo, y a decir de algunos maestros orientales, es el “segundo cerebro”.
Si nos fijamos, prácticamente todas las emociones que experimentamos o bien se reflejan o bien ocurren en el Hara: las famosas mariposas del enamorado, los nervios ante algo nuevo, el miedo, hasta la risa, que nace de un espasmo abdominal, sin poder mover los músculos del vientre no podemos reírnos, es el Hara quien se ríe.

En Japón la idea de Haragei es muy compleja. Alguien que tiene haragei(literalmente “sentir con el vientre”) debería ser capaz de percibir cambios a su alrededor, muy sutiles.

La típica escena del maestro de artes marciales que intuye un ataque no es más que la aplicación del haragei.
Al estar el cuerpo y la mente en calma, la extrema sensibilidad del vientre nos avisaría de cualquier cambio en nuestro entorno.
En la historia reciente de Japón hay un incidente que los gobiernos occidentales no saben muy bien cómo explicar.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Emperador de Japón dio la orden de cesar las hostilidades, una orden directa a un general. Este hizo caso omiso y continuó enviando soldados. Al terminar la guerra y pedir los americanos los informes de estado sobre las operaciones del ejército japonés, se asombraron al leer que la orden del emperador había sido dada mediante haragei, y que el general no había percibido la intención del emperador, aún cuando se suponía que un militar de alto rango debía estar versado en el haragei, como se supone aún hoy en políticos y empresarios.

¿Telepatía? Qué mas da. Mediante la centralización de la respiración, la mente y los movimientos en el hara, haciendo nacer cada movimiento, respiración o pensamiento del vientre, además de conseguir equilibrio mente/cuerpo y coordinación, podemos llegar, algún día, queridos frikis, a poder decir, como Yoda:
He sentido una perturbación en la Fuerza. Como si millones de seres gritasen de terror y callasen de repente.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Empezamos

«No creáis en nada simplemente porque lo diga la tradición, ni siquiera aunque muchas generaciones de personas nacidas en muchos lugares hayan creído en ello durante muchos siglos. No creáis en nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen. No creáis en nada sólo porque así lo hayan creído los sabios en otras épocas. No creáis en lo que dicen las Sagradas Escrituras sólo porque ellas lo digan. No creáis a los sacerdotes ni a ningún otro ser humano. Creed únicamente en lo que vosotros mismos habéis experimentado, verificado y aceptado después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia».


Estas son las palabras de Buda Sakiamuni.
En base a ellas me dispongo a exponer aquello que crea que puede hacer entender a la gente de este occidente herido, ahogado y en cierto modo acorralado, lo que la experiencia de un sólo hombre puede ayudar a cada uno a ser, simplemente, uno mismo.

No soy budista, en cuanto a que no he tomado refugio en los tres tesoros.

"El maestro aparece cuando el alumno está preparado", dice el Prajna Paramita.
Así sea.

Desde el estudio de los textos disponibles, mi propia práctica en meditación, y lo que me voy encontrando en el camino, intentaré explicar, y entender yo mismo, qué ocurrió aquella madrugada bajo una higuera, qué le pasó a aquel principe venido a menos para que aún hoy, millones de personas imiten su postura y actitud.

No pretendo estar en posesión de la verdad, concepto en el que no creo demasiado, es más, agradecería los comentarios, la puntualización, la crítica, en cualquier medida, desde cualquiera.

Expirad hondo, soltar los hombros, no os preocupeis demasiado por nada.

Empezamos.